Probablemente hayas escuchado cientos de veces cómo la industria de los servicios financieros está inmersa en un periodo de transformación digital que desafía, no sólo a las ventas y beneficios de las grandes empresas, sino también, en algunos casos, a la mera existencia de actores tradicionales que no son capaces de adaptarse a las demandas de los consumidores y a los avances tecnológicos. Desde los centros financieros más importantes del mundo como Nueva York, Londres y Singapur hasta los principales hubs de startups globales en San Francisco, Tel Aviv y Berlín, existe una ola de startups tecnológicas que aumenta cada día y que compite directamente con instituciones financieras en áreas como los préstamos, pagos y seguros (solo por nombrar algunas).
Pues bien, he aquí una novedad: América Latina no es inmune a esta tendencia. Desde Ciudad de México hasta Buenos Aires, Santiago y São Paulo, pasando por Bogotá, Lima, Quito y casi cualquier otra ciudad a lo largo de la región, se están creando a un ritmo increíble startups Fintech que responden a las necesidades locales del mercado. En Finnovista estimamos que en América Latina hay aproximadamente 1000 startups Fintech que cubren una amplia gama de segmentos, mercados y geografías.
Algunas de ellas son empresas maduras y desarrolladas que han logrado atraer financiación de capital riesgo de reconocidos inversores Fintech de Estados Unidos y Europa para escalar y desarrollar sus negocios; otras son startups en etapas iniciales que aún están validando sus productos, modelos de negocio y propuestas de valor, pero que buscan conectar con la industria. Independientemente de la fase de desarrollo en la que se encuentren estas startups, todas ellas comparten una misma visión: la necesidad y obligación de captar una oportunidad que ellos mismos han identificado para transformar y mejorar la industria de los servicios financieros en América Latina y en otras regiones.
Una de las mayores diferencias entre América Latina y los mercados desarrollados es el segmento de la población no bancarizada. Según el Banco Mundial, el 49% de la población en América Latina no tiene acceso a servicios financieros, lo que sitúa a la inclusión financiera como una prioridad absoluta para gobiernos, entidades de desarrollo, bancos multilaterales y ONGs entre otros. Debido a que la exclusión financiera está tan presente en la región, hasta el 40% de las startups Fintech monitorizadas por Finnovista en América Latina se dirigen a los segmentos de la población no bancarizados o sub-bancarizados como principal cliente, bien sean consumidores o PYMEs.
Pero existen más y mayores diferencias que hacen del Fintech una oportunidad única en Latinoamérica que desafía y recompensa tanto a los emprendedores Fintech, a los inversores de capital riesgo como a las instituciones financieras: una diversidad en la regulación financiera entre fronteras, el tamaño de mercado de los consumidores y las PYMEs, la brecha de financiación de capital riesgo y la adopción de tecnología avanzada entre otros.

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